Llegaste a casa del trabajo y pensaste que te habías equivocado de piso: sin tele, sin sofá, ni siquiera tus figuritas de Iron Maiden. Tu gato lo había donado todo a los necesitados del barrio, casi todo, mejor dicho. Su rascador, sus premios y su manta térmica seguían exactamente donde siempre habían estado.
Puede que haya llegado el momento de aceptar la verdad: tu gato es socialista.
Las 5 señales de que tu gato es socialista
1. Quiere comerse a los ricos antes que sus croquetas
Tu gato ya no maúlla.
Agita a las masas.
Cada cuenco vacío se convierte en un discurso sobre redistribución de la riqueza, lucha de clases y la obscenidad moral de que existan multimillonarios mientras él tiene que esperar ocho minutos más por su paté de salmón.
2. Exige sanidad veterinaria universal y gratuita… a tu costa
Tu gato cree que la sanidad es un derecho fundamental.
Lo dice con una convicción enorme cada vez que pagas otra vacuna, otra revisión, otra pastilla antiparasitaria o esa crema sospechosa que necesitaba urgentemente después de lamer un radiador durante dos horas.
La solidaridad, por lo visto, es preciosa cuando quien paga con la tarjeta es otro.
3. Cree que todos los problemas de tu vida vienen del capitalismo
¿Dolor de espalda?
Capitalismo.
¿Ansiedad?
Capitalismo.
¿Mal wifi?
También capitalismo.
A este paso, si se rompe la tostadora, probablemente te explique que la obsolescencia programada no es más que neoliberalismo tardío atacando a la clase trabajadora.
4. Sus discursos anticapitalistas salen de un iPhone de 1.600 €
Tu gato dice despreciar el consumismo, las grandes tecnológicas y la maquinaria del capital global.
Sería más convincente si no estuviera publicando historias antisistema en Instagram desde un iPhone recién estrenado, con un vaso de Starbucks junto a la pata.
Revolución, sí.
Pero a ser posible con buena luz y buena cobertura.
5. Cree en compartir, sobre todo tus cosas
Ha regalado tus muebles, tus figuritas y media armario a “el pueblo”.
Pero, curiosamente, sus juguetes, sus premios gourmet y su cama ortopédica quedan fuera del alcance de la redistribución.
Curioso.
Para una criatura tan comprometida con la igualdad, parece muy apegado a la propiedad privada cuando es mullida y tiene sus iniciales bordadas.
Cómo reaccionar ante un gato socialista
Pon a prueba su compromiso con la igualdad
Dale sus premios al perro.
Observa lo rápido que desarrolla una teoría muy matizada sobre por qué ciertas desigualdades son en realidad necesarias para la estabilidad social.
Explícale cómo funciona la economía
Intenta explicarle los impuestos, los salarios, la inflación y el concepto básico de que el dinero no crece espontáneamente en los árboles.
Probablemente no entienda nada.
Pero sí acusará a los árboles de acaparar recursos en nombre de la clase dominante.
Haz que consiga un trabajo
Nada destruye tan rápido una certeza política abstracta como un turno rotativo, luces fluorescentes y un encargado llamado Manolo preguntando por qué has vuelto seis minutos tarde de comer.
Un mes en el comercio y se volverá centrista o incendiará la tienda ideológicamente.
Conclusión
Toleraste los discursos.
Toleraste los carteles.
Incluso toleraste que ahora se niegue a cazar ratones porque “la depredación es una herramienta de jerarquía opresora”.
Pero luego anunció sus planes para nacionalizar tu barbacoa.
Y ahí, francamente, es donde la revolución tiene que detenerse.
¿Qué hacer si mi gato es liberal? y sus secuelas presentan toda una galería de felinos igual de insoportables: regionalistas, pijos, militantes, conspiranoicos y otros desastres domésticos con demasiada confianza y demasiado tiempo libre.